Antiguo Testamento
Salmos 3
1Señor, mis enemigos se han multiplicado. Hay muchos rebelándose contra mi. 2Muchos me dicen: “Dios no puede salvarte”. Selah. 3Pero tu, oh Señor, eres un escudo protegiéndome. Tu me das la victoria; y sostienes mi cabeza en alto. 4Clamo al Señor pidiendo ayuda, y él me responde desde su monte santo. Selah. 5Me acuesto a dormir, y en la mañana me levanto porque el Señor cuida de mi. 6No tengo miedo de las decenas de miles que me rodean y que están en mi contra. 7¡Defiéndeme, Señor! ¡Sálvame, mi Dios! ¡Abofetea a todos mis enemigos, y rompe los dientes de los malvados! 8La salvación te pertenece, Señor. Sé una bendición sobre tu pueblo. Selah.